Creando la arquitectura de nuestro propio ser
Columna Franca.

Creando la arquitectura de nuestro propio ser

Antes de habitar, aprender a habitarnos.

Estamos recorriendo un bello camino, un camino de vivos aprendizajes, cambios de hábitos; desapegándonos de ideas preconcebidas y obsoletas, dándonos cuenta de que los sistemas que consumen nuestra energía no son fructíferos para nuestra salud ni para nuestro planeta. Percibimos el valor de lo esencial, abriéndonos paso a lo nuevo, al futuro sustentable, vital y amoroso.

Hemos paseado estos últimos meses descubriendo que nuestro presente y el de nuestro paisaje poseen una historia milenaria vigorosa a la cual podemos invocar despertando fuerzas saludables y recíprocas en nuestro ser y en nuestro entorno. Revelamos la sabia sincronía de los ritmos naturales que se dan diariamente y que se espejan sutiles cuando observamos con atención su circulación cotidiana. La naturaleza se ha mostrado y, a su vez, el gentil lenguaje colaborativo de todos los seres que en ella habitan y que pudimos ver son el ejemplo vivo del camino en comunidad hacia el mañana.

Somos conscientes de estas manifestaciones a través del despertar de nuestra sensibilidad y el cultivo de nuestra valiosa capacidad de observación. Con ella, miramos con asombro la belleza de la naturaleza y contemplamos la perfección de sus formas y colores, en consecuencia, el hecho admirable de la armonía plena.

Esta armonía que presenciamos en la naturaleza se traduce en nuestra mirada con una forma material. Podemos tocar
esa arquitectura sagrada en la naturaleza. Acariciamos las flores, palpamos los árboles, caminamos sobre los suelos de
desiertos y selvas, porque ella posee una constitución física.

A su vez, los seres humanos poseemos un cuerpo físico, un cuerpo vital, que guarda nuestros sentimientos y pensamientos, un cuerpo que conserva nuestra identidad, nuestra propia arquitectura sagrada. Para observarnos, requerimos de un movimiento hacia nuestro ser, una vuelta a mirarnos, a percibirnos interiormente con gentileza. Ahora la atención la tenemos que poner en nosotros. Tenemos que darnos un espacio y detenernos lenta y silenciosamente, y preguntarnos qué elementos habitan en nosotros, qué elementos hemos dejado entrar o se han instalado a lo largo de nuestra vida.

Al observar nuestro cuerpo más exteriormente, podemos ver nuestra historia, nuestras costumbres, nuestros hábitos. En una capa intermedia, podemos observar nuestros ritmos vitales, nuestra salud interna, nuestra alimentación. Y, en un lugar más íntimo, podemos observar los sentimientos y pensamientos que residen en nuestro interior. Observar cada capa de nuestra constitución, sin juicios, libre y amorosamente, nos lleva a descubrir todas las sustancias que nos envuelven, que nos circundan.

Luego de este paso, podemos avanzar al siguiente, hacia el desprendimiento de estos elementos para llegar finalmente a encontrarnos con nuestra esencia, aquello único y verdadero, nuestro ser superior.

Hacerle camino a este lugar de encuentro real con nuestro elemento sagrado depura de forma espontánea aquellos componentes que son parte de nuestra conformación. De esta manera y de forma invisible, estamos creando una nueva forma, la arquitectura de nuestro ser a partir de nuestra esencia. Es así como todo lo que nos constituye puede ser creado nuevamente. Creamos nuestra propia arquitectura, la bella arquitectura de nuestro ser.

Con este proceso alimentamos nuestra confianza y nutrimos nuestra consciencia, lo que nos lleva a tomar decisiones despiertas que van en camino a un bienestar integral. Todo es mirado detenidamente, incluso en nuestras vivencias cotidianas. Valoramos los aprendizajes de nuestra biografía, renovamos nuestros hábitos, despertamos nuestro sentido orgánico, ponemos atención a nuestros alimentos, a nuestras decisiones de consumo, a los espacios físicos que habitamos, nos vinculamos con las personas y la naturaleza desde nuestro conocimiento de lo verdadero y esencial, donde además descubrimos nuestros anhelos y nuestra nueva energía.

Ahora respiramos profundo y nos preparamos, desde este nuevo comienzo, con nuestra maravillosa capacidad creadora
y las fuerzas del futuro que intencionamos hoy.

Katherine Sepúlveda Epple

Arquitecta, mamá de 4 tesoros. Fundadora de Habitar Arquitectura, espacio para desarrollar proyectos de arquitectura y facilitación creativa. Su interés permanente está en la naturaleza, la ecología y el paisaje y la labor que ejercen en vida cotidiana de las personas.

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