Espacios naturales o artificiales
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Espacios naturales o artificiales

Dejar atrás la búsqueda de la comodidad artificiosa.

Mientras preparo este artículo, pienso en cómo podemos adentrarnos en la profunda y a la vez contingente temática de lo natural versus lo artificial. Es lo que nos convoca hoy en día en los más diversos ámbitos de nuestra vida cotidiana, y cada día nos volvemos más expertas y expertos en diferenciar elementos tanto de origen, como de expresión natural o artificial. Sabemos, desde una primera mirada, reconocer una diferencia absoluta en ambas condiciones o atmósferas, pero –y aquí llega una pregunta que me resuena constantemente–, ¿podemos realmente vivenciar un espacio desde el contexto natural o artificial en que se manifiesta?

Si nos remitimos a la semántica, un espacio natural es todo aquel en el que no hay una acción ni modificación del ser humano, mientras que un espacio artificial está definido como un espacio natural intervenido íntegramente por la mano humana. Aquí aparece entonces una idea fundamental que profundizamos en los comienzos de estos artículos: todo espacio es, en esencia, natural.

Por otra parte, natural tiene su raíz en la palabra naturaleza, y podemos llegar a un consenso al decir que la naturaleza posee su origen en el movimiento de diversas fuerzas que se han manifestado desde antiguas eras para llegar a entregar lo que presenciamos hoy. Fuerzas que formaron los minerales, las plantas, los animales y a nosotros mismos.

En el ámbito de los espacios que habitamos día a día, vivenciamos en su totalidad la intervención humana. En este sentido, desde tiempos remotos el ser humano ha expresado su necesidad de crear un espacio propio para desenvolverse. En el camino de la historia hemos aprendido a tomar de la naturaleza los materiales y el lugar para crear este espacio que nos cobija, pero también hemos llegado al extremo de tomar de forma desmesurada para crear espacios que ni remotamente rememoran su origen.

Este punto central nos conduce a formularnos más preguntas. ¿Cómo debería ser aquella intervención del ser humano en el espacio natural? La naturaleza nos ofrece la posibilidad de encontrarnos con nuestro origen, de entregarnos salud, vitalidad y calma. Fuimos creados de ella y con ella. Entonces, ¿que nos lleva a modificar irremediablemente el territorio y crear un espacio artificioso en el que no existe la posibilidad de vincularnos con nuestra esencia?

Si ponemos atención a lo que alimenta constantemente nuestras decisiones en cuanto a nuestros espacios, nos veremos rodeados de un cúmulo de elementos que nos instan a creer que la palabra clave es la “comodidad”, resumida en gran medida con los interruptores que prenden y apagan instantáneamente todas nuestras necesidades externas. (Si lo pensamos a fondo, un espacio artificial está lleno de interruptores…).

Adentrarnos en un bosque o en las alturas de un desierto, observar una cascada o un río, se nos presenta hoy en día como un enorme contraste con el lugar que habitamos diariamente. Distinguir en profundidad lo que significa habitar en estas condiciones de comodidad y vislumbrar nuestras intervenciones futuras y las que quedan para nuestros hijos será lo que nos haga decidirnos y tomar el mejor camino para una nueva relación con nuestros espacios naturales. Decisiones de dónde estar, a dónde pertenecer, sin invadir; dibujando y vivenciando la manifestación de aquellos espacios que desde los primeros tiempos hemos necesitado para nuestro abrigo. Podemos ser un puente consciente entre naturaleza y espacio, siendo cuidadosos con nuestras acciones e intervenciones, y así convertirnos en reales artífices de nuestros espacios naturales.

Imagen portada: 贝莉儿 NG en Unsplash

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Katherine Sepúlveda Epple

Arquitecta, mamá de 4 tesoros. Fundadora de Habitar Arquitectura, espacio para desarrollar proyectos de arquitectura y facilitación creativa. Su interés permanente está en la naturaleza, la ecología y el paisaje y la labor que ejercen en vida cotidiana de las personas.

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