Freegan
Glosario Franca.

Freegan

¿Es posible renunciar al consumo por completo?

¿Qué es freegan?

Es una persona que utiliza estrategias alternativas para vivir, basadas en una participación limitada en la economía convencional y un mínimo consumo de recursos. Es decir, personas que no compran nada nuevo (ni siquiera comida).

El friganismo es, por tanto, la ideología anticonsumista que implica la renuncia a participar en el capitalismo y a la cultura de consumo en su totalidad.

La visión de un freegan o frigano es que, para vivir una vida realmente ética, una persona debe retirarse del capitalismo, y la principal forma de hacer eso es abstenerse de comprar productos por completo. ¿La razón? Todos los productos respaldan alguna industria que opera de forma antiética, ya sea con los animales, los seres humanos o el medioambiente.

La palabra proviene del inglés freeganism, que es la combinación de free (libre o gratis) y vegan (vegano). Algunas personas consideran que el friganismo es un tipo de activismo y para otros es una subcultura urbana.

 

¿Dónde surgió?

Se dice que el movimiento lo popularizó Adam Weissman, un joven estadounidense que creó la web freegan.info en los noventa.

Weissman asegura, en esta web, que después de años de intentar boicotear corporaciones antiéticas, causantes de violaciones a derechos humanos, destrucción medioambiental y abuso animal, un grupo de personas encontró que, sin importar lo que compraran, siempre terminarían apoyando algo “deplorable”. Así que decidieron renunciar al sistema entero.

Hoy en día hay friganos en todo el mundo, pero los principales países suelen ser Inglaterra, Estados Unidos, Suecia, Estonia y Corea del Sur.

 

¿Cuáles son sus principios clave?

Reclamar desechos, minimizar desperdicios, usar transporte ecoamigable, acceder a viviendas libres de renta, tener cercanía con la naturaleza (como fuente alimento, medicina, relajación, vivienda) y trabajar menos, ya que se oponen al sistema laboral –consideran que explota a las personas para generar productos y servicios innecesarios, creados para el lucro de unos pocos–.

 

¿Cómo sobreviven?

El estilo de vida de un frigano en general involucra principalmente la recolección de desperdicios generados por otras personas que sí participan en el capitalismo.

Para comer, recurren a la recuperación de alimentos (en inglés, dumpster diving), principalmente comidas descartadas por exceso en restaurantes, o alimentos que están próximos a su fecha de vencimiento y son desechados por los supermercados –enlatados expirados, frutas o verduras con golpes, por ejemplo–.

Se visten con ropa usada que les haya sido regalada o donada por otros, o prendas que hayan encontrado en las calles durante búsquedas organizadas.

Para productos de uso diario, muchos recuperan muebles, herramientas y utensilios encontrados en basureros. Otros utilizan un sitio web llamado Freecycle, donde cualquier usuario puede publicar objetos que no necesita y ofrecerlos para regalárselos a quien los quiera –es decir, promueve la reutilización y busca prevenir que objetos funcionales terminen en vertederos sin terminar su vida útil–.

En cuanto a vivienda, los friganos consideran que los edificios abandonados son una forma de desperdicio. Por tanto, hay grupos de personas, llamados squatters, que se dedican a ocupar y restaurar edificios inhabitados para vivir y convertirlos en centros comunitarios. Según freegan.info, en algunos de ellos se ofrecen actividades artísticas para niños, educación medioambiental gratuita y reuniones de organización del movimiento. Otros friganos que no recurren a esta opción intercambian su trabajo por un lugar donde vivir y los menos radicales suelen tener una vivienda propia o familiar.

Para transportarse, no tienen autos y tampoco ocupan el sistema de transporte público (esto último debido principalmente a la contaminación). Por tanto, buscan métodos alternativos para moverse, como caminar, patinar y ciclear, o incluso autostop o hasta train hopping (subirse a trenes o grandes vehículos de carga para viajar) –que, hay que decirlo, puede ser bastante peligroso–.

 

¿Cómo son percibidos?

La gran crítica respecto al friganismo es que uno sus principios clave –la recuperación de alimentos– depende del sistema de alimentación capitalista que los friganos dicen rechazar.

Otro cuestionamiento es la legalidad de algunas de sus prácticas: ocupar ciertos espacios deshabitados, dormir en lugares públicos, repartir o compartir comida sin los permisos requeridos, etc.

Pero quizá la percepción más controversial del friganismo es el estigma de ser personas dispuestas a comer basura.

 

¿Es factible vivir como un frigano?

Weissman, que ha sido el principal vocero del movimiento, ha reconocido que es difícil vivir en términos absolutos con esta ideología. Por tanto, cada persona es libre de ir buscando sus propias formas, dice. Se supone que el movimiento no es prescriptivo y, por ende, no presiona a los adherentes a poner en práctica todo de una vez ni en su forma más radical desde el principio.

Aunque en su momento fueron presentados en los medios como un grupo de extremistas, lo que promueven los friganos, según él, es hacer lo que más puedan para abstenerse de participar en el sistema actual, con el que no concuerdan éticamente.

En entrevistas, Weissman ha procurado desmitificar que los friganos son “mártires que consumen sobras y elementos podridos” (Satya). Para ellos, cuenta, recoger alimentos y objetos útiles no es precisamente un acto tan extremo una vez que se deciden.

Y, para quienes no somos friganos, es al menos justo repensarlo: la basura es –en general– un concepto universalmente comprensible, pero el nivel de apreciación de ciertos desechos puede ser personal. Es decir, no todo lo que es desechado necesariamente es basura si es que para otra persona es considerado algo deseable, útil o rescatable.

 

Imagen vía Freegan

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Stephanie Valle

Edita, diseña y escribe. Es Magíster en Edición de la UDP y estudió artes contemporáneas, moda y periodismo en Ecuador. En su tiempo libre escribe un newsletter sobre revistas independientes. @stephanievallek

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