La luz de mi habitación
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La luz de mi habitación

La importancia del sol en nuestros espacios.

Si nos remontamos a épocas pasadas, poco antes de la revolución industrial, nos encontraremos con un modo de vida que se regía por los ritmos cósmicos, viviendo el transcurrir diario de sueño y vigilia al compás del camino solar. En aquel tiempo, las viviendas poseían una construcción de muros macizos compuestos principalmente de piedra, barro y madera, dejando espacios austeros para vanos de puertas y ventanas a fin de cuidar la calidez en el invierno y la frescura en temporadas de calor.

Es así como la luz del sol penetraba las habitaciones creando una cálida atmósfera interior en movimiento que, con el transcurso de la jornada, desaparecía lentamente con la llegada de la noche. Variadas obras de arte han registrado con sublime belleza estos instantes. Da Vinci, Dalí y Velázquez, entre otros, podían representar la capacidad de la luz captada en su naturaleza más propia, acompañando los momentos cotidianos e iluminando con vitalidad las actividades que se desarrollaban al interior de estos espacios.

Con la llegada de la electricidad, la manera de vivir cambia drásticamente. La atención ahora se pone en la productividad y, de esta manera, se ve afectada por completo la vida cotidiana. El tiempo de descanso nocturno se acorta, siendo transgredido por una ampolleta que adelanta artificialmente la llegada de una luz estática, mucho antes de que aparezcan los primeros rayos del sol. En cambio, el día va perdiendo lentamente su valor de contemplación, así como la vivencia de sus matices lumínicos naturales.

Hoy, podemos tener la vivencia extrema de la ausencia de luz solar, a pleno día, en los diversos centros de servicios que habitan junto a nosotros. Enormes malls y supermercados con miles de reflectores proyectando un tipo de luz con una condición diferente, opaca y sin vida, iluminando y queriendo llamar nuestra atención hacia todo aquello que probablemente no necesitamos. Muy distinto es vivir la experiencia de caminar por una feria libre, donde todos los elementos muestran sus cualidades de manera natural, creando así un contacto real bajo una luz honesta.

Vivenciar la entrada de la luz del sol, su calor y sus infinitas tonalidades al interior de los espacios que habitamos, crea  una sensación de bienestar instantánea. La claridad que nos entrega la luz solar posee una dimensión que armoniza la atmósfera interior. Su presencia es benéfica en cuanto a sus propiedades ambientales, vitamínicas y anímicas, impulsando en nuestro cuerpo la generación de vitamina D,  higienizando los espacios y despertando los sentidos corporales que restauran los ritmos vitales al contacto directo con ella.

Hay un intenso y necesario llamado a vivir de manera lenta y consciente, teniendo presentes estos simples y, a la vez, valiosos elementos. Considerar aquello que está junto a nosotros, que en este caso entrega una energía saludable tanto para nuestros espacios como para nuestro cuerpo, puede renovar nuestro vínculo con ellos, aportando claridad a las capacidades humanas que es importante poner de manifiesto.

Puedes levantar tu cortina e invitar a la luz a que pase y ver qué sucede con esos rayos que vienen a entregar algo esencial para ti y para el lugar que habitas.

Portada: Daria Shevtsov

Katherine Sepúlveda Epple

Arquitecta, mamá de 4 tesoros. Fundadora de Habitar Arquitectura, espacio para desarrollar proyectos de arquitectura y facilitación creativa. Su interés permanente está en la naturaleza, la ecología y el paisaje y la labor que ejercen en vida cotidiana de las personas.

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