Cómo he logrado criar slow
Crianza

Cómo he logrado criar slow

Un año siendo padres con conciencia sustentable.

Colaboración por Camila Romero

Desde que nos enteramos que seríamos padres y comenzamos a buscar información sobre el embarazo y bebés en internet, nos vimos bombardeados de anuncios de productos que decían ser todo lo que nuestra hija necesitaría. Pero llenarnos de objetos estaba lejos de lo que queríamos para esta nueva etapa y, aunque nos solía rondar la duda de la inexperiencia, cumplimos un año siendo padres con conciencia sustentable en cada decisión.

Luego de algunos años aprendiendo y avanzando en vivir y trabajar de manera sostenible, nuestra experiencia como padres no iba a ser distinta de la manera en que hemos elegido vivir. Pero una cosa es decirlo y otra hacerlo. Esa es la frase que repetí en mi cabeza por muchos meses, ya sea como derecho a la duda o como motivación para comprobar cada idea por mí misma.

Nuestra hija ya cumplió un año, y creo que recién puedo definir en palabras cómo ha sido nuestra experiencia de crianza respetuosa.

Todo partió tomando en consideración lo más importante que aprendí en la gestación: esperar. Me lo enseñaron las casi 42 semanas que duró mi embarazo. Primero, darme el tiempo de conocer las nuevas necesidades que tenía mi cuerpo, luego darle el tiempo a mi bebé de sentirse preparada para nacer, y encontrar un espacio físico y mental para que mi parto se desarrollara de la forma más libre y natural posible.

Cuando nació Olivia, decidimos estar el mayor tiempo posible los tres solos para comenzar a conocerla y hacerla sentir segura de que podía confiar en nosotros. Mientras nos adaptábamos y reforzábamos la confianza en nosotros mismos ante esta nueva tarea, fuimos conociendo y definiendo nuestras nuevas necesidades y prioridades como padres. Quisimos continuar saliendo harto y movernos complicándonos lo mínimo posible (no digo sin complicarnos porque no era una opción). Una solución útil para recordar siempre todo lo que debía llevar cada vez que salíamos fue hacer un letrero con una lista pegada al lado del mudador, por ejemplo.

Usar fular y amamantar fue lo que nos ayudó a llegar a todas partes. El fular me sirvió para aprender a regular la temperatura en invierno o verano y seguir disfrutando estar cerca como en los meses de gestación. No tuvimos coche hasta los seis meses, cuando ya nos sentimos cómodos de usarlo y supimos cuál elegir según cómo nos movemos. Así nos ahorramos tener el coche que solo dura los primeros seis meses y pudimos comprar solamente el que esperamos usar hasta que Olivia deje de necesitar uno.

Amamantar ha sido el mejor alimento sin pagar, sin empaque y siempre listo, en mi caso. Valió la pena defenderlo en su momento, ya que a mí, como a otras muchas mamás, también me intentaron convencer que necesitaba complementarlo con leche artificial y comenzar a medirlo todo para que mi hija subiera adecuadamente de peso. Pero seguí con perseverancia los consejos de las más conocedoras del tema, la Liga de la Leche, y lo logramos. Lo cuento también porque amamantar fue la experiencia que me conectó con mi instinto y me permitió sentir la seguridad para comenzar la crianza respetuosa que deseaba, no solo con mi hija sino también conmigo misma y lo que yo creo, más allá de lo que otros dicen.

Para las nuevas necesidades materiales que se fueron presentando, también aplicamos el darnos tiempo antes de tomar cada decisión. Muchas veces basta con esperar una semana y la necesidad desaparece, porque las etapas son cortas. Así que, en vez de gastar tiempo, dinero y espacio de nuestra casa en algo que no necesitamos realmente, lo ocupamos en disfrutarlo en experiencias. Que menos sea más, calidad por sobre cantidad. Preferir lo usado antes que lo nuevo también puede aplicarse a los bebés. No aceptamos todo lo que la familia o amigos nos ofrecen prestar o regalar, porque tendríamos la casa llena. Solo tomamos lo que necesitamos en el momento preciso y anotamos los préstamos para evitar confusiones. Si hay algo que no quieren de vuelta, lo ofrecemos a otros papás para que sigan en uso.

Nos informamos, estudiamos y preguntamos mucho para elegir qué pañal reutilizable íbamos a usar, para que fuera el definitivo hasta que Olivia deje de usarlo. Para las primeras semanas conseguimos unos exteriores más pequeños, prestados. Para la ropa, la preferimos de varias tallas más, la arremangamos, luego la reparamos y le añadimos puños cuando ya quedan cortas. Comodidad y libertad de movimiento es nuestra prioridad al elegir, además de buenos materiales y prácticas.

En cuanto a juguetes, preferimos los que le den la posibilidad de descubrir (juguetes abiertos) que incentiven la creatividad, con formas, colores y texturas simples que puedan usarse para diferentes ideas. Si la caja en que viene envuelto un juguete es más interesante que el juguete en sí, por algo será. Para los objetos más grandes y costosos como el coche de paseo, la silla de auto, la silla para comer, la cuna, la bañera o el portabebés, nos funcionó muy bien pedirlos prestados por un rato a modo de prueba, para decidir cuáles necesitábamos realmente. Y muchas cosas que nosotros usamos al principio ya las están usando otros bebés.

He podido comprobar que gran parte de las formas de vivir de manera más respetuosa nos han hecho volver a antiguas prácticas, que también son aplicables en el cuidado de los hijos. Lo bueno es que hoy en día tenemos a la mano información con argumentos suficientes para aplicarlas y explicarlas de mejor manera. Además, hay más reconocimiento de los niños como individuos, respetando sus tiempos en cada etapa.

Esto último ha sido lo que nos ha llevado más trabajo, algo que no esperábamos. Y no con nuestra hija, sino con todos los adultos con los que nos relacionamos. Hemos tenido que explicarles que no hay apuro para que pase a una siguiente etapa; que no la sentamos ni paramos antes de que lo haga por ella misma; que come a su ritmo con la mano y no es necesario hacer el avioncito. Que preferimos evitar las pantallas, que tratamos de afirmarla lo menos posible ahora que está aprendiendo a caminar. Y así una lista larga de aclaraciones, que son mi motivación para querer hacer más fácil el camino hacia criar slow.

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Camila Romero Borcosque

En inquitud y desafío constante por vivir generando el menor impacto medio ambiental posible. Estudió Artes Visuales en la U. De Chile. El 2014 co-creó la marca CHIZA, enfocada en la calidad, diseño y confección de bolsas reutilizables, visibilizando sus procesos y vida slow.

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