Crónicas de viaje: Italia

por | Jun 17, 2019

3 semanas de recorrer, comer con ganas y conocer la cuna del movimiento slow.

Los buenos momentos se comparten, así como los buenos datos. Por eso en esta edición les comparto los mejores momentos, algunas reflexiones e inspiradores datos gourmet que Italia dejó en mi memoria, estómago y corazón.

Hace aproximadamente un año con mi marido decidimos hacer las vacaciones de nuestros sueños: recorrer Italia. Habíamos estado en ese país hace unos 6 años atrás, donde visitamos Venecia, Florencia y Roma, pero esta vez queríamos ir a vivir una experiencia menos turística, conociendo a través de sus paisajes y sabores parte de esa cultura que tanto nos gusta por su capacidad de disfrutar. Nos embarcamos en cotizaciones, noches de planificación e investigación hasta que partimos el pasado 21 de abril por tres semanas a vivir unas vacaciones que fueron deliciosamente transformadoras.

Menos es más

Con un país entero por delante queríamos recorrerlo todo, verlo todo, y más que nada, comerlo todo. Pero en busca de tener un viaje más lento y presente, optamos por ir a menos lugares, pero recorrerlos un poco más profundo. No sentir el tic tac del reloj apremiándonos por cumplir con itinerarios extremadamente apretados, ni de “tener” que visitar “esos” lugares imperdibles. Así escogimos dividir nuestros días en tres lugares principales: la región de Toscana, Campania (en particular Nápoles y la Costa Amalfitana) y Sicilia.

Entre el turismo y la vida local

Uno de los objetivos de este viaje era recorrer más guiados por la intuición que por un paquete turístico, por eso decidimos alejarnos de los centros turísticos (con algunas excepciones) y privilegiar destinos menos concurridos.

Toscana

En Toscana nos hospedamos en dos Airbnb: el primero fue un departamento privado dentro de una casa muy muy antigua, ubicada en medio de una granja orgánica de olivos, ubicada a unos 10 minutos (en auto) de un pueblo medieval perfectamente restaurado llamado San Donato. Nos despertamos por 3 días con el sonido de los pájaros y escuché el increíble sonido de las abejas polinizando todo el campo. Mágico.

Luego nos quedamos dos días en el pequeño pueblo de Montefioralle, ubicado en -literalmente- la punta de un cerro sobre el pueblo de Greve in Chianti. Antigua y medieval, Montefioralle tiene una calle principal en forma de círculo que rodea la iglesia del pueblo, sus vistas son realmente de postal y se decía que la familia de Américo Vespucio tuvo su casa de campo en este lugar junto a otras familias adineradas de Florencia.

Airbnb Toscana

Fieles a hacer de estas vacaciones unas donde el descanso y el placer fueran protagonistas, todos los días (salvo aquellos donde teníamos que dejar el alojamiento) nos despertamos sin alarma, tomábamos desayuno en la terraza y con toda calma salíamos a recorrer sin demasiados planes: siempre un destino seguro y abiertos a conocer lo que fuera apareciendo en el camino.

Recorrimos aproximadamente 11 pueblos y ciudades, donde las mayores sorpresas fueron:

-San Donato in Poggio: muy tranquilo, extremadamente silencioso y bien mantenido, con casas de piedra y rincones mágicos. Se recorre a pie en 30 minutos (real).

San Donato in Poggio

– Volpaia: Un pueblo más pequeño aún, ubicado en altura y con una vista impactante. No se puede entrar en auto, por lo que hay que estacionar a las afueras (todo indicado). Hay dos restaurantes y una iglesia en la entrada del lugar y perderse caminando en sus callecitas fue una de las mejores experiencias del viaje.

– Radda: Más grande y con bastante movimiento, este pueblo tenía bastantes restaurantes y comercio. Una lluvia fulminante “nos obligó” a entrar a una tienda gourmet llamada Casa Porciatti y nos encontramos con una increíble selección de vinos, quesos, productos típicos, frutas y vegetales de estación y mucho más.

– Greve in Chianti: Posiblemente el pueblo más grande en el que estuvimos, es parte de la alianza de ciudades slow y cuenta con varias opciones de restaurantes, tiendas, supermercados, plazas y hasta cine.

Volpaia

Otros clásicos de Toscana que visitamos fueron Florencia y Siena, ambas colmadas de turistas pero con una belleza que vale la pena conocer. En particular Florencia es un excelente destino para las amantes de la moda vintage y se pueden encontrar muchas tiendas (algunas muy grandes y otras pequeñas, pero llenas de tesoros) e icónicos museos de la moda como Salvatore Ferragamo, Gucci y la Galleria del Costume at Palazzo Pitti. En el primero nos encontramos con la exhibición Sustainable Thinking llena de innovación, diseñadores que están incorporando una mirada tecnológica, social y medioambiental a sus diseños y que gratamente contaba con expositores latinoamericanos como Nous Etudions, Chain y María Cornejo.

Y si de restaurantes se trata, estos fueron los favoritos y que recomendaría a ojos cerrados.

– La Toppa (San Donatto, Toscana): En el silencio de San Donatto encontramos casi por accidente este restaurante familiar recomendado por la Guía Michelín. Sin reserva y con mucho frío entramos a un salón de piedra, calentito y con un extrovertido dueño que nos invita a pasar. La carta era sencilla y local: sopas y caldos, pastas y carnes de la zona.

– L’Antica Scuderia (Badia a passignano, Toscana): De los mejores restaurantes a los que fuimos, aunque también de los más caros… pero valió la pena. Una entrada de cebolla al horno impactante, pastas frescas, suaves y delicadas, un plato con trufa fresca y una vista imposiblemente más bella de la Toscana.

– La Castellana (Montefioralle, Toscana): A pasos de nuestro Airbnb estaba este pequeñísimo y delicioso restaurante. Casual, casero y de pocas mesas, comimos nuevamente todas las bondades de la pasta hecha en casa, de la temporada de trufa y el vino italiano. Un imperdible.

L’Antica Scuderia
L’Antica Scuderia

Nápoles y Costa Amalfitana

Si hubo algo que me llamó la atención de Italia fue la basura en Nápoles. Plazas llenas de basura por todos lados, monumentos históricos llenos de residuos y muchísimo uso de desechables. Al iniciar el viaje pensé que una botella reutilizable bastaría ¡y vaya que me equivoqué!

La estadía fue corta, pero fuimos al lugar perfecto para hacer de ese día uno lleno de colores y gastronomía: la Via Dei Tribunali, una calle donde uno tras otro se suceden restaurantes, locales de comida y tiendas gourmet de comida típica napolitana.

Salumeria Rafele o’ Lattaro

En la Costa Amalfitana nos quedamos en un Airbnb a las afueras de Positano, lo que fue una buena decisión considerando lo turística que es esa ciudad, pero creo que si volviera preferiría una alternativa más tranquila como Praiano. Y bueno, lo turístico de esta costa se debe a que es realmente hermosa: el color del agua, la naturaleza, la arquitectura, todo es hermoso. Sin embargo, reconozco que no fue mi destino más favorito, principalmente porque era difícil escapar de las multitudes y aunque Positano es ciudad slow, el turismo hace de la experiencia una muy distinta a la esperada. De todos modos, en gustos no hay nada escrito 🙂

Positano
Restaurant Villa María – Ravello

Sicilia

El otro fuerte del viaje fue Sicilia. Oh Sicilia.

Fieles a la idea de no abarcar más de lo necesario y posible, establecimos dos bases: una en Catania, para recorrer el este de la isla, y otra en Palermo, para conocer la capital.

Catania tiene un sabor fuerte, no es precisamente el lugar bonito que uno imagina que pone el google Sicilia. Es gris y la basura se ve por todos lados, los edificios están manchados por la ceniza volcánica y aunque la arquitectura es espectacular, su mantención mucho más descuidada que en las otras zonas que conocimos. Sin embargo, poco a poco la ciudad te va conquistando. Al ser una ciudad universitaria es vibrante, tiene mucha vida nocturna, los restaurantes están llenos. Además destacan los monumentos y arquitectura barroca, la que dicen los lugareños, tiene los más bellos ejemplos de ese estilo en la isla.

Catania

Lo que más me gustó de la costa este fue:  

– Noto: hermosa y definitivamente uno de mis destinos favoritos. Toda la arquitectura y sus calles tienen un delicioso color sepia que la hacen cálida y, al igual que Catania y otras localidades, la arquitectura barroca salta a la vista en todas las esquinas.

Noto

– Ragusa: Después de Noto nos encaminamos a Ragusa por caminos perdidos, algo agrestes, como sacados de un cuadro. Creo que ese fue uno de los momentos más bonitos de viaje: estacionar el auto a un costado del camino y mirar el paisaje, sentir el viento y sacar fotografías. Al llegar a Ragusa nos encontramos con una ciudad en altura, también de arquitectura barroca, pero más turística que las anteriores.

– Ortigia: sin duda es otro imperdible. En esta pequeña isla junto a Siracusa se encuentran las edificaciones más antiguas del lugar. El mar es de un color sin precedentes y perderse en sus calles y tiendas una de los mejores momentos del viaje.

Ortigia

Ya finalizando el viaje, y un poco más cansados, llevamos a Palermo, la capital de Sicilia. Llena de monumentos históricos en sus calles, una oferta gastronómica que nos dio más de un buen momento y tiendas de ropa vintage, fue el final perfecto para 3 semanas de recorrido. Como buena capital, tenía mucho más movimiento, comercio y mercados, los que aparecían sin hacer demasiado esfuerzo. Pero lo que hace de esta ciudad muy interesante es que parece un museo abierto ¡hermoso!

Palermo
  • Cuna del movimiento slow

Fue una grata sorpresa ver que, con no mucho esfuerzo, aparecían frente a nosotros tiendas de comida con el sello slow food o restaurantes que son miembros de la alianza slow food, trabajando con ingredientes locales, de estación y de producción ética.

Algunos de ellos fueron:

– Casa Porciatti (Radda, Toscana): ya lo mencioné anteriormente, pero la selección de vinos y productos típicos le dio un lugar en mi corazón.

– Salumeria Rafele o’ Lattaro (Nápoles, Campania): este pequeñísimo local en Via Dei Tribunali de Nápoles fue todo un hallazgo. En sus paredes sólo se veían productos típicos como pastas, arroces, vinos, licores y dulces y dos vitrinas: una de quesos locales y otra de carnes y salames. En el lugar había 4 mesas para comer en el local y probamos una mozarella de bufala inolvidable y otros quesos artesanales de la zona.

– Taverna del Leone (Positano, Costa Amalfitana): Entre Positano y Praiano nos recomendaron este restaurante familiar perteneciente a la alianza slow food y recomendado por la Guía Michelin. Fundado en 1965, su carta destaca por ingredientes frescos y de estación, por recetas tradicionales, pero con pequeños giros modernos. Fresco, suave y balanceado. Además, los vinos y cervezas de la carta (así como las recomendaciones por parte del personal) eran buenísimas.

– Me Cumpari Turiddu (Catania, Sicilia): También recomendado por la Guía Michelin, este restaurante ubicado en la bohemia ciudad de Catania destaca por una decoración impecable, hogareña y femenina, un delicioso mercadito de productos locales (muchos de los que ellos utilizan en su propia cocina) y por declarar orgullosos que son parte de la alianza Slow Food. La carta está llena de platos simples y típicos, pero que saben increíblemente bien. Mi favorito: el pesto de pistacho de Bronte.

Denominaciones de origen

Por otro lado, fue sorprendente ver el peso de las denominaciones de origen y cómo existe -o al menos eso pudimos ver- un respeto por la locación y condiciones de sus productos. En Toscana el símbolo de gallo que vimos una y otra vez en vinos y aceites de oliva representa que han sido producidos en una zona delimitada del valle del Chianti, certificación que aplica a cada región del país. En la Costa Amalfitana brillan al borde del barranco plantaciones de enormes limones (y en las tiendas de limoncellos), en la región de Calabria abundan los ajíes y si hablamos de Sicilia la cosa se pone más sabroza aún: los pistachos vienen de un pueblo llamado Bronte, las almendras de Noto, la fabricación de chocolate se hace en Módica, y así.  

Tradición y sabor

Y si hablamos de tradiciones culinarias, Italia es un lugar espectacular y en 7 mil kilómetros (distancia que aproximadamente recorrimos) nos pudimos encontrar con productos típicos y formas de hacer las cosas que son únicas de cada región. Por ejemplo, desde la Edad Media en Toscana el pan se hace sin sal, además de las clásicas pizzas (y sus versiones fritas), en Nápoles y la Costa Amalfitana se come un pastel típico llamado sfogliatelle, mientras que en Sicilia abundan los canolis rellenos con crema de ricotta y los arancinis, un favorito si de comida callejera se trata. Además tuvimos la suerte de ir en temporada de trufas, y pudimos probar más de una vez su aromático, intenso y sutil sabor.

Sfogliatelle

Reflexiones finales

Miro para atrás estas semanas y mis sentidos se vuelven a activar: los paisajes, el viento, el agua, los aromas, los sabores, y me queda como aprendizaje que el placer es simple, natural y básico. Que salir de la mente es necesario para poder volver a ella de una manera creativa y positiva. Que compartir experiencias es lo más rico de una vida en pareja, en familia o incluso en solitario.

Y si me vuelco al impacto, bueno… claro que unas vacaciones así tienen un impacto. Una forma de mitigarlas fue compensando nuestras emisiones de CO2 y evitando desechables lo más posible, aunque reconozco que no fue suficiente, y que no se puede confiar en que “estas viajando a un país desarrollado” porque definitivamente la cultura de lo desechable sigue ahí, vigente e ineludible. Además del problema de la basura y los desechables, que es muy evidente desde Nápoles (y sobre todo ahí) hacía el sur, el descarte de ropa también se suma, y en más de una oportunidad nos topamos con cerros de prendas apiladas en basureros listas para ser llevadas a un basural. La moda es un problema GLOBAL.

Por último, no deja de parecerme hermoso el valor por la identidad, la agricultura y producción local, el orgullo por lo propio. Y me pregunto ¿cómo promover esa misma sensación en nuestro propio territorio? ¿cómo amplificar los enormes esfuerzos de proyectos, comunidades y emprendimientos que reman en esa dirección? Desde nuestra vereda, la de la comunicación, me queda la misión de seguir difundiendo y promoviendo a personas, empresas y organizaciones que avanzan hacia un mundo limpio, justo y bueno, y como ciudadana, de seguir apoyándolos con mis decisiones de compra, con mis palabras y actos, aunque eso signifique ir día a día, un paso a la vez.

Me inspira la moda, el respeto por la naturaleza y las personas, así como la belleza en todas sus formas, por eso el año 2016 fundé Franca. y desde ese entonces busco contribuir a vestir y vivir de una manera que combina la ética y la estética. @javiera_amengual

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