Cultura Textil: Sintéticos vs. Naturales
Columna Franca.

Cultura Textil: Sintéticos vs. Naturales

Entendiendo las diferencias entre telas naturales y sintéticas, sus beneficios y usos.

Las telas han sido históricamente símbolos de estatus y en el pasado su valor fue muchísimo más alto que lo que hoy conocemos debido al esfuerzo necesario para producirlas. En el museo Metropolitano de Nueva York se exhiben tumbas del antiguo Egipto con despliegues de sus contenidos llamando la atención en una de ellas un cofre abierto con varios metros de tela de papiro que a pesar del tiempo transcurrido se conservan impecables. El valor que otorgamos a las telas en nuestro mundo moderno no es diferente al existente en el antiguo Egipto. Y mucho del valor relativo que les otorgamos está dado por lo que sabemos de su origen.

Comencemos definiendo lo sintético. El diccionario de la RAE (del.rae.es) define artificial como “…Hecho por mano o arte del hombre” “No natural (…) Producido por el ingenio humano.” Tomando como ejemplo la popular viscosa, que a pesar de lo que mucha gente cree, es una fibra de origen natural que es sometida a un proceso químico que convierte la celulosa (como el papel) en viscosa. Esta se encuentra dentro del grupo que a partir de ahora llamaremos artificial y dentro del que se encuentran también el rayón, el cupro o el modal. Las telas se dividen entonces entre artificiales (man-made en inglés) y naturales, los sintéticos son parte del primer grupo y corresponden a telas hechas de fibras conseguidas, tal como todos los plásticos, a partir de la síntesis del petróleo.

La piel humana es un órgano más sensible de lo que imaginamos a la composición de las hebras en las prendas que usamos. ¿Cuáles son los beneficios de usar las fibras naturales respecto a las sintéticas? Hoy en día se sabe que los volúmenes de producción en el mundo para materiales textiles han alcanzado niveles críticos, es por esto que se ha producido una concientización respecto a los beneficios que tiene consumir telas de mayor calidad y por ende mayor duración para el ecosistema global. Así como los plásticos surgieron en una época en que se necesitaba satisfacer ciertas necesidades de consumo y medioambientales (sí, medioambientales) hoy las fibras naturales se vuelven a establecer como una respuesta a la creciente demanda por materiales duraderos cuyo impacto medioambiental sea el menor posible. También existen iniciativas que han convertido ciertas fibras sintéticas como el poliéster en sustentables gracias a la incorporación de ciclos productivos circulares o cradle to cradle que las reciclan para así minimizar la necesidad de fabricar nuevas partidas del material a partir de petróleo que es el proceso regular de producción para este sintético.

Al haber surgido como una respuesta frente a los textiles más caros como la seda, los sintéticos son generalmente más baratos de producir que las fibras naturales y necesitan de menores cuidados como el planchado, una “ventaja” popularizada por las telas de lavar y vestir (wash n’wear). En defensa de las fibras naturales como el lino, diremos que hoy existen procesos a los que se someten las telas de origen natural para justamente mejorar su rendimiento en un entorno doméstico y minimizar la necesidad de planchado. A mi juicio una de las cosas más bonitas del lino es justamente cómo va evidenciando el uso a través de las arrugas con lo que se convierte en un testimonio del uso y las actividades del día por ejemplo. Es interesante pensar que la necesidad de planchado es algo relativo y que frente a los beneficios que tiene esta tela en relación a la generación de sudor y la frescura que proporciona en días calurosos, un par de arrugas que además hacen notar que es lo que es finalmente no restan en la experiencia de vestir una prenda de esta noble y antigua fibra.

La mayoría de las telas se hacen de hilados (excepto las telas no tejidas como el fieltro, pero eso es material para otra columna) y estos hilados a su vez están compuestos de una o varias mezclas de fibras. Tomemos por ejemplo un ovillo donde la etiqueta da muestra de la composición de sus hebras. 100% lana indica que todo el hilado proviene de una fibra natural de origen animal. Otros ovillos estarán compuestos de fibras sintéticas como acrílico o rayón, así como mezclados con seda, alpaca o lino y así sucesivamente.

“Las fibras naturales tienden a ser más amables con la piel humana haciendo posible usarlas desde temprana edad; varias son por ejemplo respirables y algunas como la lana o la seda evitan naturalmente la proliferación de bacterias que causan los malos olores en la ropa”

Fibra natural entonces significa que es una fibra disponible en la naturaleza antes de ser procesada. En el caso de la lana por ejemplo, el pelo del animal (más comúnmente de oveja) es lavado y estirado hasta obtener un hilado que permite tejerlo en telar plano, de punto o a mano. Similar proceso es el que se realiza con la seda (también de origen animal) al desenrollar los capullos con los que los gusanos se envuelven para pasar el proceso de la metamorfosis y con menor intervención el lino, que se obtiene al trabajar de manera mecánica (no química) los tallos de la planta de la linaza. Dentro de las fibras naturales encontramos: algodón, lana, seda, lino, ramie y sisal para nombrar las más comunes.

Las fibras naturales tienden a ser más amables con la piel humana haciendo posible usarlas desde temprana edad; varias son por ejemplo respirables y algunas como la lana o la seda evitan naturalmente la proliferación de bacterias que causan los malos olores en la ropa. Tal vez un chaleco de lana sea sólo lavable a mano con mucho cuidado, pero ¿has pensado que la cantidad de lavados será menor que la de uno de acrílico? Pienso también que la experiencia de vestir las fibras naturales es en general más placentera por aspectos sensoriales como la temperatura corporal, el brillo y el peso pero dentro de esta experiencia se encuentran también los aspectos simbólicos de las prendas, el qué significan, cómo y qué comunican de sí mismas y de nosotros a los demás. Este valor simbólico es el que saca a flote uno de los grandes argumentos por el que estas fibras naturales mantienen su valor: la nobleza. Tal como esa caja egipcia y dependiendo de los cuidados que se les dé se puede aspirar a heredar una prenda confeccionada en seda o lana y ver cómo incluso aumenta su valor con el paso de los años.

Cada una de estas fibras naturales tiene beneficios muy particulares y aprender qué cuidados debemos darle a cada una de ellas para hacer que su paso por nuestras manos sea sólo una parte de su, esperemos, larga existencia es una pieza fundamental en el camino del consumo consciente. Al aprender e informarnos le otorgamos el valor que corresponde a las cosas que decidimos tener y contribuimos además a que todos aquellos involucrados en su producción, vean reconocido su trabajo en el proceso.

Imágenes

Portada: Issey Miyake

Archivo Daniela Toledo 

A Neatly Manicured Hedge – Sanne Bax

Daniela Toledo

Diseñadora Industrial U. Chile. MA Textile Futures Central Saint Martins

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