Desintegra.me
Diseño

Desintegra.me

Un nuevo material hidrosoluble fabricado en Chile con materia prima extraída de algas.

Este mes hemos hablado sobre el plástico, con la idea de reconocer que el problema no es necesariamente el material en sí, sino el modelo de consumo actual, en el que se piensa que es sensato fabricar objetos desechables con un material de difícil degradación simplemente por comodidad.

Mientras tanto, y con el deseo de hacer un cambio, hay diseñadores industriales trabajando por investigar materiales que podrían sustituir a los plásticos de un solo uso. Ese es el caso de Margarita Talep, diseñadora de la UDP y creadora de Desintegra.me, un proyecto en el que está desarrollando un nuevo material hidrosoluble fabricado con materia prima extraída de algas, pensado específicamente para sustituir objetos con una vida útil muy efímera.

Este bioplástico está compuesto de agar –extraído de las algas rojas–, un plastificante y un aditivo. Las cantidades de estos elementos varían de acuerdo a la consistencia que se quiere lograr, ya que las aplicaciones del material son muy versátiles, y van desde versiones más rígidas a otras más flexibles (films, papel de burbujas, packaging para alimentos secos, prototipos de cucharas y bombillas, y más).

Por estar hecho con compuestos naturales, incluyendo los tintes –que se obtienen de frutas y verduras–, se facilita su degradación entre dos y cuatro meses, dependiendo de su grosor y la temperatura del suelo.

Conversamos con Margarita, quien nos contó más sobre la creación de este proyecto y el material en el que se basa.

¿Cuándo empezaste a desarrollar este nuevo material fabricado con materia prima extraída de algas?
Empecé a finales del 2017 a trabajar con algas. En el 2018 tenía que desarrollar un proyecto que me interesara para titularme de la carrera de Diseño en la universidad. Desde antes de empezar el curso de titulación, sabía lo que quería hacer. Mi motivación se había dado por experiencias pasadas que había tenido con la investigación material y la disciplina en la que me estaba desarrollando. Frente a la actual crisis medioambiental, me interesaba cómo las decisiones de diseño del ciclo de vida de un objeto (diseño, extracción y adquisición de recursos y materiales, producción, transporte y distribución, uso y manutención, recuperación, re-utilización, reciclaje y desecho), podían influir automáticamente en el nivel de impacto ambiental en cada etapa del ciclo de un producto.

¿Cómo empezó? ¿Qué despertó en ti la curiosidad de investigar este material y desarrollar este proyecto?
Todo partió con la leche. En un taller de la universidad nos plantearon el tema del semestre, el cual era «biopolímeros». El trabajo se desarrolló en parejas, así que con una compañera llegamos la primera clase con varias probetas de polímeros que nos habían interesado. Dentro de ellos habíamos dado con la caseína, la proteína de la leche. Lo seleccionamos porque resultó ser el más interesante para nosotras y terminamos desarrollando un bioplástico a base de leche que tuvo resultados increíbles. Ese proyecto fue el puntapié inicial para motivarme a seguir desarrollando una serie de experimentaciones con polímeros naturales a lo largo del tiempo.

Cuando llegó el momento de comenzar el proyecto anual, me cuestioné si la leche era viable para desarrollar lo que tenía en mente, busqué alternativas de polímeros que no fuesen de origen animal; que la materia primera se encontrara localmente en abundancia y que su extracción no fuese tan dañina para los ecosistemas. Así que ese verano comencé una experimentación con algas. Como ya tenía bastante teoría al respecto, todo fue un poco más rápido de lo normal para llegar a una probeta interesante y con potencial para seguir desarrollando.

¿Cómo fue el proceso de ensayo y error, y de dar con el material final? ¿Qué algas son y de qué manera las trabajas?
El proceso que hago (y que hice) para el material de algas fue súper lento. Hay un millón de variables que puedes probar cuando empiezas a experimentar un material; ya sea en las proporciones y los materiales a utilizar, el tipo de secado, la temperatura de los materiales, la temperatura del secado, el número de secados, etc. Son infinitas. Yo parto con 10 variables y de los resultados selecciono las que más se acomodan a lo que ando buscando. De esa selección, se vuelven a aplicar variables y vuelves a elegir las mejores, y así, hasta quedarte con una selección muy pequeña de probetas. Lo más importante es nunca apresurar ningún proceso en la experimentación y dejar que el material «hable», lo que a veces puede ser muy frustrante si no hay paciencia de por medio.

Con el material de algas fue todo muy teórico, leí muchísimo, y como ya tenía una mini biblioteca de materiales con sus respectivas propiedades, fue mucho mas fácil formular hipótesis y aplicarlas. Nunca supe cuando di con el material final porque siempre estaba aplicando variables diferentes a los que tenía más desarrollados. Tengo prototipos de cucharas hasta de un «papel de burbujas» con mucho potencial.

Las algas que se utilizan para extraer la materia prima son generalmente las algas rojas o rodófitas, en Chile es común que se utilice el pelillo. De esas algas se extraen tres productos: el agar, la carragenina y el alginato. Yo trabajo con la materia ya extraída en forma de polvo.

Hemos visto el potencial de tus prototipos y nos parece genial. ¿En qué etapa de desarrollo y aplicación está el material? ¿Qué hace falta para ampliar su uso y empezar su comercialización?
Justamente el proyecto está en la etapa de desarrollo, es mucho más gestión, coordinar cosas, reuniones, armar un equipo, pedir fondos, encontrar a las personas indicadas, desarrollar prototipos de posibles máquinas, sistematizaciones, etc. Una etapa súper lenta. En paralelo, me he preocupado de difundir mucho más el proyecto, he tenido participaciones en ferias en el extranjero. Estoy preparando un par más para septiembre y una para el próximo año, que sería la última para estar 100% enfocada en el desarrollo del proyecto en un par de meses más.

¿Cuáles son los planes o proyecciones que tienes con este proyecto? ¿Cómo te lo imaginas y te gustaría que siguiera desarrollándose?
El objetivo, desde que pensé lo que quería hacer como proyecto, fue desarrollarlo al punto en que pudiera utilizarse comercialmente, que no quedara solamente como un proyecto universitario. Lo difícil es cuando sales de la universidad y te encuentras con mil variables más en tu vida y eso lo hace más lento. También es un reto que sea un proyecto relativamente nuevo, es decir, donde no hay muchos referentes de tipos de bioplásticos que hayan escalado de cero hacia el mercado, por lo tanto es como abrirse camino en un lugar completamente desconocido.

Me gustaría imaginarme que la sociedad va a cambiar, que la gente va a ser más consciente con el uso que le damos a ciertos materiales, que vamos a dejar la individualidad de lado para poder pensar en el futuro de todos, cuestionarnos si está bien traer más vidas a un mundo que está quebrado y en crisis, antes de arreglarlo.

Junto a ese cambio que imagino, me encantaría que el material de algas sustituyera al plástico en situaciones donde debemos prescindir de él; que los procesos productivos que tengamos que hacer como empresa sean limpios y conscientes, que la extracción de la materia prima se haga de manera sustentable y que se respeten los ciclos de las algas. Me gustaría que todo fuese transparente.

Etiquetas:

Stephanie Valle

Edita, diseña y escribe. Es Magíster en Edición de la UDP y estudió artes contemporáneas, moda y periodismo en Ecuador. En su tiempo libre escribe un newsletter sobre revistas independientes. @stephanievallek

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *