Kalül

por | Mar 16, 2020

Una marca de fitocosmética al rescate de esencias en Chiloé.

Este verano tuve la suerte de irme dos meses a Chiloé. Y en algún punto del viaje se me acabaron algunos artículos de cuidado personal, como el desodorante y el champú, y tenía que reponerlos.

No es que en Castro no exista un lugar donde comprar las marcas que frecuentemente uso. De hecho, la Farmacia Natural Austral, ubicada en pleno centro, tiene productos Weleda, Apícola del Alba e incluso Le Petit Olivier, pero quise ir más allá y buscar algo local, natural y nuevo. Todo eso lo encontré en Kalül (“cuerpo” en mapudungún).

Las dos mujeres que conforman esta marca chilota de fitocosmética, son madres y amigas, y desde hace menos de un año reparten su tiempo entre las labores de cada una y levantar esta iniciativa de “rescate de poderes medicinales y prácticas ancestrales para obtener productos 100% naturales”. Y es que la fitocosmética es justamente eso: cosméticos elaborados a partir de sustancias vegetales, es decir, derivados de principios activos vegetales que se obtienen de las distintas partes de las plantas como tallos, hojas, frutos, flores y bulbos (IDMA).

Si bien ninguna tiene estudios afines, se han acercado de manera autodidacta al mundo de la química y farmacia, pero también a la cosmovisión mapuche, logrando un camino más holístico en relación con el cuidado del cuerpo. De hecho, todos sus procesos los hacen según las fases lunares y respetando los tiempos de cosecha de la tierra.

Así, recolectan sus materias primas como la chilca, la caléndula o el maqui (apoyándose de las plantaciones de agricultores locales), para luego macerar, destilar y obtener las esencias necesarias para cada uno de sus productos y finalmente hacer las mezclas que también llaman pócimas.

Bendito desodorante

Kalül también nace de la necesidad de sus creadoras por encontrar opciones de cosmética y belleza más amigables no sólo con el medioambiente, sino que con el cuerpo.

Y bueno, apenas adquirí el desodorante de citronella y limón, supe que con esto estaba dejando de aplicarle a mis axilas elementos tóxicos que este tipo de productos suele contener para conservar sus propiedades antitranspirantes: los parabenos y el aluminio.

Quizás ya habrás escuchado antes, pero si bien no se ha comprobado que su uso esté ligado al desarrollo de cáncer de mama, sí se ha asociado la presencia de parabenos y aluminio en algunas pacientes con la evolución de esta enfermedad y, por lo mismo, alertado a los consumidores a evitar su utilización prolongada.

Lo increíble de todo esto es que gracias al bendito desodorante descubrí otros productos que jamás imaginé que serían posibles de fabricar en laboratorios así de artesanales: sérum faciales, desmaquillantes bifásicos (acompañados de pétalos reutilizables tejidos con algodón y teñidos con tintes naturales), y cremas antienvejecimiento de maqui silvestre y avellanas.

Sus envases, todos reciclados y reciclables, biodegradables o retornables, esto último es para quienes les queda gustando algún producto y vuelven a rellenarlo, obteniendo un descuento por contribuir a no usar más plástico. Todo, considerando que además sus precios son súper accesibles, con un rango entre los 5 mil y 10 mil pesos.

Periodista felizmente independiente, con experiencia en la generación de contenidos para todo tipo de plataformas. Practico yoga y danza, y amo la mixtura entre música y literatura. Creo que lo lento llega lejos. @mariaj.salazar

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