La huella de carbono de la industria cosmética

por | Jun 14, 2021

El tema no es la sustancia en sí, sino la cantidad de ella que se produce.

Lío caliente en el que me envolví al proponer escribir este artículo. Escribir sobre la huella de carbono es solo menos difícil que determinarla “a ciencia cierta” o establecer un parámetro único para su cálculo. Por ello, y como sabrán es parte de mi estilo, comenzaré por la definición, para luego analizarla y profundizar un poco más en que el tema no es la sustancia en sí, sino la cantidad de ella que se produce en cada acción.

¿Qué es la huella de carbono?

Es un indicador ambiental cuya pretensión es reflejar la totalidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos directa o indirectamente en nuestras acciones individuales, organizacionales, o referidas a la elaboración uso y final de la vida de producto. Los principales GEI en la atmósfera terrestre son el vapor de agua (H2O), el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el óxido nitroso (N2O) y el ozono (O3). Estos gases tienen la capacidad de absorber y emitir radiación en el rango infrarrojo (osea la que calienta) y sin estos la superficie terrestre tendría una temperatura media cercana a los -18°C. Hago esta aclaración para no satanizar a la sustancia ni tampoco asociar como único GEI al CO2 pese a que la huella de carbono se mide en masa de CO2 equivalente.

Debemos partir de la base que toda actividad deja su huella y tiene un impacto, incluso cada respiración y producción mitocondrial de energía por parte de nuestras células genera GEI. El problema no es la sustancia en sí, sino la actividad humana que, desde comienzos de la revolución industrial, ha aumentado en un 45% las emisiones de CO2 producto del uso indiscriminado de combustibles fósiles. Esto, sumado a la deforestación, ha alterado la reabsorción de este gas en el ciclo natural del carbono.

A causa de lo anterior, es por que hoy estamos hablando de calentamiento global y nos ha volcado a definir parámetros ambientales para determinar y mensurar cómo nuestros actos impactan en el ciclo del carbono y el aumento de temperatura global en miras de mitigar nuestro daño.

Mercado de la cosmética 

Con un mercado mundial que superó los U$400 mil millones antes de la pandemia, según Euromonitor, la industria cosmética seguro tiene mucho que decir respecto a su propia huella de carbono. Sin embargo, es muy difícil acceder a la cifra real de sus emisiones. Aun así, existe cierta información pública que nos puede dar luces de la huella de nuestro skincare y pistas sobre los puntos críticos que debemos tener en consideración.

En 2013 Natura Cosméticos (siempre a la vanguardia) en conjunto a la consultora ambiental paulistana Geolock, publicaron el análisis de la huella de carbono y agua para una barra de su popular jabón de Macadamia. El informe presentado mostró que el 84% de la huella de carbono, medida en equivalentes de CO2, corresponde al acumulado durante el proceso de formulación. Mientras que sólo el 16% de la misma está representada por el uso y gestión de residuos.

En 2018 Cosmetics Europe, asociación gremial de manufactureros de productos cosméticos y de cuidado personal, publicó sus contribuciones a la evaluación del ciclo de vida para el desarrollo de PEFCR (Product Environmental Footprint Category Rules) para champús. Se encontró que un champú tiene un impacto en varias áreas relacionadas con el medioambiente, contribuyendo al cambio climático, a la disminución de los recursos hídricos, a un incremento en el uso de recursos minerales y combustibles fósiles, y a la ecotoxicidad de agua dulce. Identificando que, a excepción de este último punto, el uso es el estadio crítico para todas las categorías de impacto. Mientras que la producción del champú, su empacado y la vida final del empacado son factores más bien despreciables.

Pese a esta información, en el 2019 en una entrevista a Beauty Independent, el gerente de la consultora Climate Partner declaró que el embalaje era una de las principales fuentes de emisión de GEI. “Si una crema para el cuidado de la piel se guarda en un frasco de vidrio cerrado con una tapa de plástico y se envuelve en un empaque secundario, hay una gran cantidad de dióxido de carbono que se libera. Incluso los envases de vidrio, a los que las marcas se están moviendo como alternativas sostenibles al plástico, se ganan su reputación ecológica gracias a que se reciclan varias veces. La producción de vidrio requiere una gran cantidad de energía a altas temperaturas y el transporte de vidrio requiere más energía porque es más pesado que el plástico”.

La industria cosmética es un mercado creciente a escalas que parecen poco humanas o simplemente antinaturales, ya que nada en la naturaleza crece exponencialmente durante tanto tiempo.

Huella de carbono de un producto cosmético

Al igual que la huella de carbono en la moda, la industria de la cosmética se puede observar bajo este mismo prisma. La huella de carbono de un producto cosmético o de cuidado personal debe considerar el ciclo de vida total, según el estándar planteado por el Protocolo de Gases de Efecto invernadero. La evaluación de ciclo de vida debe abordar los aspectos e impacto ambientales, como por ejemplo: uso de recursos y consecuencias de las emisiones. Permitiendo la identificación de las contribuciones, las categorías de impacto, las etapas del ciclo de vida y los flujos elementales más relevantes. En simples palabras, se debe evaluar y medir desde el nacimiento del producto hasta su muerte (ISO 2006).

En el caso de un cosmético se debe considera:

  • Obtención, transformación y adquisición de materia prima de origen natural (si corresponde)
  • Producción y adquisición de materia prima de síntesis química (si corresponde)
  • Diseño, formulación y fabricación de producto
  • Uso
  • Tratamiento al final de vida útil
  • Reciclaje
  • Disposición final
  • Fuentes de energía empleadas en cada etapa, incluido el transporte.

Carbono neutralidad la nueva frontera eco de la belleza

Pese a que a la publicación de este artículo nos ha sido muy difícil acceder a datos específicos, es de público conocimiento el interés de la industria cosmética mundial en avanzar a la carbono neutralidad para el 2050, en concordancia con el acuerdo de París. Ser carbono neutral significa que la cantidad de dióxido de carbono producido “al hacer cosas” es igual o menor que la cantidad de dióxido de carbono que se captura o se elimina del medio ambiente.

El sello carbono neutral garantiza que el dióxido de carbono que se emite en un negocio, organización, práctica o estilo de vida es cero neto, lo que se ha vuelto muy popular entre  las  marcas de belleza. Para garantizar la carbono neutralidad, las empresas a menudo invierten en proyectos eco-sociales de protección climática, como por ejemplo forestación o inserción de energías renovables en ciertas áreas,  que han demostrado ahorrar o compensar las emisiones de GEI.

Según un artículo publicado en noviembre del 2020 por NATRUE,  muchas de las marcas, certificadas por ellos como naturales, han optado por la compensación de sus emisiones (directas e indirectas) de GEI mediante proyectos llamados “carbon offset”. Los cuales se caracterizan por desarrollar sistemas de eficiencia energética, energías renovables y proyectos eco-sociales en países en  vías de desarrollo asociados a reforestación y purificación de agua.

El uso de empacado reciclado, es otra medida de las marcas asociadas a Natrue para disminuir su huella de carbono. Junto con quizás una medida que representa el mayor desafío al consumidor, reducir antes de reciclar, donde algunas de sus marcas promueven la venta a granel y el formato recarga.

Es importante tener en consideración que un cosmético que es carbono neutral no es lo mismo que un cosmético natural. Los sellos natural, orgánico, cruelty free y carbono neutral son eventualmente complementarios, pero promueven distintos valores y filosofía de la marca. Recordemos que incluso el producto cosmético más natural, emite GEI..

Nuestra parte

Más allá de las medidas de mitigación, que en mi humilde opinión son un primer paso insuficiente frente al modelo comercial con que opera la industria actualmente, la operación puede seguir emitiendo GEI mientras “compensa” con proyectos de reforestación, conservación o energía renovables lejos de casa. Yo me pregunto ¿qué sucede con las personas que viven cerca de una de estas fábricas? Los GEI son un problema global, pero tienen un efecto local que no podemos despreciar si hablamos de responsabilidad social corporativa.

A la luz de lo anterior, y frente a la necesidad de tomar medidas drásticas contra el calentamiento global, me pregunto ¿es posible seguir produciendo en los volúmenes actuales, los cuales podrían cubrir las necesidades de prácticamente tres planetas Tierra? y ¿podemos seguir consumiendo de la misma forma que lo hacemos hoy si buscamos disminuir la emisión de GEI y el calentamiento global?

Como ciudadanas y ciudadanos activos no podemos obviar el impacto de un producto, desde su adquisición hasta su disposición final. Cada elección, cada acto, hasta nuestra respiración celular produce GEI, por lo que no nos podemos restar de la ecuación y esperar que un sello carbono neutral sea la solución a un problema que nos afecta a todas y a todos y en mayor medida, a quienes se encuentran en condiciones de vulnerabilidad social.

Consumir menos, pero mejor es un tema de justicia social y solidaridad entre los pueblos.

Cofundadora de Paihuen.co [@paihuen.co], bioquímica de orientación antroposófica e investigadora etnobotánica, con 7 años en el desarrollo de ingredientes y productos skincare. Como defensora de la piel al natural, quiero acompañar tu transición que #avanzaalonatural, y devolverte el poder sobre su cuidado. @mariaj.romerosilva

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