TESSA, cosmética chilena con sentido

por | Jun 17, 2020

Una marca local de belleza con valores profundamente slow.

Al intentar leer la lista de ingredientes de un producto de belleza convencional, no es raro encontrarse con una serie de componentes con nombres incomprensibles, cuyo rol en el producto usualmente es inidentificable a simple vista. La realidad es que muchos de esos ingredientes tradicionalmente son rellenos o derechamente químicos tóxicos que están muy poco regulados en la industria global.

Gaelle Duret y Paulina Etcheberry no vienen de ese mundo originalmente. Gaelle estudió ingeniería comercial en Bélgica y trabajó casi 20 años en finanzas antes de adentrarse en el coaching nutricional en Nueva York. Ya de vuelta en Chile, y aunque llevaba años preocupándose por el origen de los alimentos, fue después de leer varios artículos científicos sobre el efecto nocivo de los químicos tóxicos usados en los productos de belleza que decidió hacer un cambio. Paulina, por su parte, venía del mundo del head hunting, y su encuentro con la cosmética natural inició más bien por una búsqueda personal de soluciones para alergias y otros problemas de la piel de los que sufría al momento.

Así, a finales del 2015, juntaron fuerzas para emprender y empezaron a trabajar en una nueva marca de cosmética chilena con productos naturales de calidad. Probaron productos afines, estudiaron los activos naturales que querían ocupar y sus propiedades, y buscaron laboratorios dispuestos a apostar por una nueva marca que no buscaría lanzar decenas de productos en una misma línea a la vez, sino más bien desarrollar productos individualmente funcionales, de alta concentración, que tuvieran, cada uno, un sentido real en la rutina de las mujeres chilenas. Se dispusieron a crear productos cosméticos que hicieran bien, que no generaran alergias, y que fueran consecuentes con esa preocupación por la alimentación y el bienestar. A finales del 2016 lanzaron TESSA, con sus icónicos Beauty Oil y Luxury Oil.

Hoy trabajan con varios laboratorios, y entre sus ingredientes principales están activos botánicos patentados, materias primas naturales –algunas orgánicas, derivadas del mundo vegetal–, y otras materias primas sintéticas no tóxicas. Varias de ellas son nacionales y otras las importan cuando no encuentran localmente ingredientes que cumplan con los estándares que TESSA se ha propuesto: sin parabenos, petroquímicos, sulfatos, fragancias artificiales ni químicos tóxicos. Y es que la prioridad está en crear productos con alta concentración de activos, lo que los hace más efectivos, sin rellenos innecesarios.

Sus productos además contienen aceites esenciales, ya que proveen una serie de propiedades relajantes y reconfortantes. Por todo esto, la rutina de aplicarse un producto TESSA es un ritual de bienestar: tomarse un momento para usar el producto, cerrar los ojos y envolverse en el olor agradable de los aceites esenciales, y gozar este espacio propio de conexión. Esta experiencia sensorial se asienta en las fragancias calmantes y también en la seguridad de que el producto que estamos usando es confiable y ha sido pensado para hacernos bien.

Para desarrollar un nuevo producto el proceso de formulación es largo, y lo siguen trabajando directamente sus dos fundadoras. Gaelle y Paulina eligen un activo con el que quieren trabajar y desarrollan un producto específico con él. A diferencia de las marcas de cosméticas convencionales –que lanzan líneas enteras de productos con un mismo activo, muchas veces en bajísimas concentraciones–, el proceso de TESSA es más detenido, y en algunos casos incluso estudian, desarrollan y testean una materia prima para finalmente ocuparla en un solo producto. Gracias a este proceso cuidado, en casi cuatro años han sacado no más de 14 productos.

Consecuente con esa filosofía, el equipo de TESSA está comprometido con no crecer por crecer, sino tener más bien una evolución sostenida, tomando en consideración el medioambiente, y priorizando las materias primas y la efectividad de cada ingrediente en cada producto. En cuanto a sus envases, por ejemplo, partieron con un material combinado de plástico y vidrio, pero hace un tiempo decidieron hacer la transición a envases de vidrio. De momento, hay un solo producto que está envasado con el material anterior, y esperan para julio de este año, ya usar 100% vidrio –que es, por supuesto, reutilizable y más fácilmente reciclable–. Además, trabajan con proveedores de papel (etiquetas y estuches) que hayan sido certificados por el Forestry Stewardship Council, para asegurar que el papel haya sido fabricado de manera sustentable.

Si bien este método puede parecer lento desde fuera, quizás es como debería funcionar la industria cosmética en el presente y el futuro: la preocupación por el origen de cada ingrediente, la ciencia rigurosa detrás del desarrollo (sin testeo animal), y la determinación irrenunciable de crear productos que funcionen y les hagan bien a sus usuarias.

Fotos: TESSA

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Este artículo fue patrocinado por TESSA como parte de una #AlianzaFranca.

Edita, diseña y escribe. Es Magíster en Edición de la UDP y estudió moda, artes contemporáneas y periodismo. @stephanievallek

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