Yoga: Garudasana o postura del águila
Bienestar

Yoga: Garudasana o postura del águila

Estar cómodas en la tierra antes de querer volar.

Colaboración por Catalina Garroz

En la mitología hindú, la garuda o águila era el vehículo del dios hindú Vishnú y está representada volando en el cielo cargándolos a él y a su esposa Laksmi. Esto marca un precedente acerca de la fuerza interior que requiere la postura, pues el ave garuda se identifica también con el fuego de los rayos del sol que todo lo consumían.

Si la alineamos teniendo en consideración esta directriz, podremos sentirla en plenitud, experimentando el yoga como el vínculo con la realidad de tu cuerpo físico; mantenerte presente ejercitando el equilibrio y la consciencia respiratoria y corporal simultáneamente.

Hay que estar cómodos en la tierra antes de querer volar, por lo tanto, debemos propender a la estabilidad desde los pies hacia la coronilla.

Para llevarla a cabo, necesitamos concentración, enfoque y  control de la respiración, aplomando el peso del cuerpo de manera uniforme en la planta del pie que la sostiene. Esto nos va aportar la estabilidad que esta ásana requiere para constreñir nuestros miembros, brazos y piernas entrelazándose y retrotrayéndose, volviendo a ti, internalizando el aquí y ahora.

En esta postura, donde tenemos todas las articulaciones en contracción, la espalda permanece erguida y visualizamos la luz que recorre nuestra columna vertebral, estirándola. Esto es muy importante, ya que nuestros discos intervertebrales –que son la articulaciones que están entre las vertebras– están compuestas por un anillo fibroso y un núcleo pulposo. El núcleo tiene una composición de agua, que va del 70 al 90%, y en el proceso de envejecimiento natural va perdiendo hidratación. Con ásanas como esta, que ayudan a mantener las articulaciones lubricadas, permitiendo mayor irrigación sanguínea y que les llegue más oxígeno y nutrientes, podemos ralentizar ese proceso.

Para hacerla, desde tadasana, flexiona ligeramente las rodillas. Levanta tu pie izquierdo del suelo y, mientras te mantienes en equilibrio sobre el pie derecho, cruza la pierna izquierda sobre la derecha. Apunta con los dedos del pie izquierdo en dirección al suelo. Si puedes, coloca tu empeine izquierdo detrás de tu gemelo derecho.

Estira los brazos hacia el frente dejándolos paralelos al piso con las palmas en dirección hacia el cielo. Cruza los brazos de manera que el brazo derecho esté por encima del izquierdo. Dobla los codos intentando juntar las palmas frente a tu nariz.

También puedes comenzar sentándote en el borde de una silla para perfeccionar el cruce de brazos y piernas.

Acerca de la respiración, los movimientos de apertura y estiramiento serán con inhalación, y las contracciones o flexiones serán con exhalación.

Algunos de sus beneficios

– Fortalece y estira los tobillos y las pantorrillas.
– Estira los muslos, caderas, hombros y la parte superior de la espalda.
– Mejora la concentración y el sentido del equilibrio.

Contraindicaciones

Evitar esta postura si se tiene una lesión en la rodilla.

En ásanas como ésta, que exigen más concentración y equilibrio, debemos priorizar la conexión entre la atención, el cuerpo físico y la energía tras los movimientos respiratorios. De este modo, lograremos la unión que es yoga.

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