La moda como elemento central de la religión

por | Dic 26, 2023

Cuando lo sagrado y lo estético se entrelazan.

La intersección entre moda y religión ha capturado el imaginario colectivo, llevándonos a pensar comúnmente en creaciones que encuentran su musa en lo religioso. Desde prendas adornadas con estampados sagrados, pasando por diseñadores que han llevado a la pasarela elementos sacro, como Hussein Chalayan en 1996 con su controvertida colección “In Between” centrada en el Burka, hasta eventos emblemáticos como la Met Gala del 2018, con su temática “Heavenly Bodies: Fashion and Catholic Imagination”, se ha buscado destacar precisamente esta estrecha relación entre la vestimenta y las religiones.

Colección “In Between” – Hussein Chalayan 1996. Créditos: Getty Images 

Rihanna en la Met Gala 2018. Créditos: Getty Images 

La verdad que subyace en esta compleja relación entre moda y religión se revela aún más al considerar que la moda no sólo “toma prestado” de lo religioso, sino que también contribuye significativamente a la esencia misma del credo. No se trata simplemente de una influencia unidireccional, sino de una simbiosis que ha evolucionado a lo largo de millones de años.

En este sentido, y frente al clásico discurso que critica la moda como una mera frivolidad, hay que comprender que esta no es un producto del sistema capitalista y del consumismo; más bien, se presenta como un elemento de manifestación de un estado moral, posición ideológica e identidad, convirtiendo al cuerpo en primer espacio político después del pensamiento mismo.   

La vestimenta como una conexión tangible

A menudo se asocia de manera exclusiva la relación entre la moda y la religión al ámbito femenino o al islam: gran error. La vestimenta desempeña un papel central en la expresión de la regulación de la conciencia y en la vida social en todas las religiones, abarcando a individuos de todos los géneros.  

Esta relación sigue una lógica de sacralidad donde las prendas actúan como elemento físico que distingue entre individuos consagrados y seculares. La sacralidad no solo se encuentra en la estética de las prendas, sino también en su capacidad de encapsular la espiritualidad y servir como expresión tangible de la conexión entre los fieles y la entidad divina. De este modo, proporciona una identidad visual a la comunidad de creyentes y refuerza la conexión compartida entre ellos.

En el budismo, esta lógica se refleja en el Kasaya, túnica de color naranja utilizada por monjes y monjas. Este símbolo representa la renuncia a los placeres mundanos y el compromiso con la vida monástica.

Monjes budistas usando el Kasaya. Créditos NCD Agencia Internacional

​​Usado en ceremonias y rituales, el Kasaya actúa como un recordatorio constante del abandono de la vida secular y la búsqueda de la iluminación espiritual, encapsulando así, la espiritualidad budista.

Por su parte, en el catolicismo, las sotanas negras y alzacuellos blancos de los sacerdotes desempeñan un papel crucial. Según el Papa Benedicto XVI, es “sumamente importante que la comunidad reconozca a un siervo de Dios por su vestimenta”; incluso en 2012, emitió una carta ordenando a todos los “líderes” religiosos vestir el hábito correspondiente en todo momento. 

Sacerdotes católicos usando sotanas y alzacuellos.

Asimismo, su antecesor, el Papa Juan Pablo II, hacía hincapié en que “el hábito eclesiástico, como el religioso, tiene un significado particular: para el sacerdote diocesano tiene principalmente el carácter de signo que lo distingue del ambiente secular en que vive; para el religioso y para la religiosa, expresa también el carácter de consagración y pone en evidencia el fin escatológico de la vida religiosa”.  

Elemento de alejamiento y diferenciación del mundo profano

La vestimenta se emplea como un medio para alejarse del mundo «profano», especialmente en religiones que rechazan el monacato, como el evangelismo y el islam. También se utiliza  en situaciones donde minorías religiosas deben coexistir en una sociedad con una religión hegemónica diferente a la suya, en un esfuerzo por mantener su sacralidad. 

En la religión judía, esta diferenciación se logra con diversos elementos, siendo el Kipá uno de los atributos más emblemáticos de esta etnoreligión.

El Kipá es un gorro, sombrero o prenda que cubre parcialmente la cabeza. Su uso es obligatorio al entrar y permanecer en lugares de culto judíos, como sinagogas, cementerios o sitios sagrados. Este elemento simboliza la necesidad de recordar constantemente que Dios está por encima de todas las cosas.

Kipá.

El Kipá no es solo un signo de identidad, sino también un recordatorio de los mandamientos divinos,subrayando la conexión continua con la fe y la separación de las prácticas no judías.

La evidencia de esta búsqueda de alejarse del mundo profano se puede ver en el grupo etno religioso protestante Amish, donde la vestimenta desempeña un papel central y distintivo en su búsqueda de sacralidad frente a la modernidad.

Los Amish sostienen la creencia de que no se debe enorgullecer de la apariencia, fundamentándose en las enseñanzas bíblicas, por lo que su  vestimenta es sencilla y funcional, sirviendo como un distintivo que identifica a sus “usuarios” como parte de la comunidad, lo cual reviste gran importancia para ellos.

Vestimenta de las mujeres Amish.

Las mujeres y niñas visten vestidos modestos que siempre llegan por debajo de las rodillas y cuentan con mangas largas. Complementan su atuendo con una especie de cofia blanca si están casadas y negra si están solteras. 

Por su parte, los hombres lucen trajes con camisas y sombreros de ala ancha, limitándose a colores sólidos y apagados, con la prohibición de utilizar estampados. Este riguroso código de vestimenta busca reflejar su compromiso con la humildad y su distinción en medio de la sociedad contemporánea.

Vestimenta de los hombres Amish. Créditos: Daniel Rodriguez

En última instancia, la moda se revela como un objeto central de la religión, entrelazando lo sagrado y fusionando lo estético con lo espiritual de manera intrincada. Desde túnicas budistas hasta sotanas católicas, la vestimenta religiosa no es simplemente una expresión artística, sino un vehículo que fortalece la identidad individual y comunitaria

De este modo, las prendas se erigen como un símbolo visual poderoso que trasciende lo efímero, transformándose en una expresión duradera de la conexión entre lo humano y lo divino. 

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Periodista de profesión, pero comunicadora de alma. Apasionada por las letras y la historia. Busco utilizar la moda como herramienta de memoria colectiva, transformándola a su vez en un agente de cambio para las generaciones venideras. @sofialvarezr

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